SÉNECA, EL MODELO DE PRÍNCIPE, LA MORAL Y LA POLÍTICA EN EL IMPERIO

Miguel Ángel Fornerín

La figura de Lucio Anneo Séneca ha provocado diversas lecturas en un largo período que abarca unos dos mil años. Cada época ha estado seducida por conocer, estudiar y contextualizar la vida y la obra del segundo filósofo de referencia que murió atado a los fundamentos de su filosofía. Pero hay muchas cosas más que deben atraer la atención del amante del saber sobre esta figura poliédrica de la cultura occidental.

            Séneca fue uno de los iniciadores de muchas de las inquietudes del mundo moderno.  Podemos entrar en el libro de Alberto Monterroso (Séneca, la sabiduría del imperio) y extraer los grandes ejes en que se basa la reflexión sobre la política, la justicia, la vida, etc. Lo primero que llama la atención es la existencia en él de una correspondencia entre la reflexión filosófica y la vida. Séneca formuló para nosotros una filosofía práctica y, para su tiempo, una ideología que unía el pensamiento a la acción política.

            Desde que regresó a Roma, luego de su estancia en Egipto, Séneca se dedicó a los estudios, pero inició su carrera política como cuestor, una especie de funcionario del aparato gubernamental dedicado a las finanzas. Este puesto lo llevó al Senado donde desarrolló su liderazgo. Su apoyo a la familia de Germánico y al partido de los amantes de los valores de la República, lo acercaron a la corte. Las intrigas cortesanas lo llevaron al exilio en la isla de Córcega.

            Desde ahí puntualiza Monterroso el filósofo se mantuvo como un intelectual exiliado. Usó la literatura para exponer sus ideas y para mantenerse presente en la vida cultural y política romana. Cuando se dio su tercera entrada a Roma, protegido por Agripina, esposa de Claudio y madre de Nerón, Séneca era, además de un escritor reconocido, un senador influyente. Estará a cargo de la educación de Nerón, el futuro emperador.

            El filósofo cordobés va a unir la reflexión filosófica a la práctica política. El teatro le permite ir presentando los temas fundamentales de la vida del gobierno y del interés de la gente. De tal manera que se convierte en lo que hoy llamamos una voz civil. Se va a construir como un maestro de conciencia que procura que el gobierno esté basado en la clemencia, la moral y en el reconocimiento del otro y en sí mismo.

            Luego de la muerte de Claudio, Séneca, quien es la llave de Agripina para controlar el Senado, se posiciona como una de las figuras más influyentes en el imperio. Busca que las acciones políticas estén basadas en la razón y en fundamentos morales y éticos. Prefiere la paz a la guerra y mantiene un equilibrio entre el poder del emperador y el poder del Senado. Coloca a gente de confianza en puestos claves y, según subraya Monterroso, realiza en el primer lustro de Nerón uno de los mejores gobiernos del imperio.

            Pero las acciones de Séneca se encontraban en el periodo augural. El partido del autoritarismo y la locura y el libertinaje afectan a la casa imperial con los emperadores posteriores a Octavio Augusto: Tiberio, Calígula y Nerón; en la que actuaron mujeres poderosas e intrigantes como Mesalina, primera esposa de Claudio, Agripina, su segunda esposa, y Popea, segunda esposa de Nerón. Tiempo en que los crímenes contra familiares, políticos y amigos muestran un largo periodo de terror, desembocaron en la tiranía.  Y las posturas políticas a la que estaba adscrito Séneca quedaron por muchos años como planteamientos utópicos.

Le pudiera interesar leer: Séneca, sabiduría y poder en el imperio

            Este aspecto pone a prueba las enseñanzas del filósofo y abre un debate sobre la relación entre la política, la moral y la ética. Queda el balance positivo de la filosofía estoica y su interés en crear una teoría de la política y una práctica del buen gobierno, como se desprende de los escritos y la acción de Séneca. Queda una visión de la racionalidad como el eje o pilar del humanismo incipiente. Las acciones políticas deben ser centradas en los gobernados. Para esto hay que partir de una teoría que reconozca la humanidad del gobernante, su clemencia y también la dignidad del esclavo.

            En muchas páginas de este libro extraordinario, el autor Alberto Monterroso (Córdoba, 1965), busca valorar la figura de Séneca como hombre político, como pensador, y contrastar las distintas críticas que se le hicieron sobre su participación en el liderazgo de Agripina y en el gobierno de Nerón. Lo que podemos sacar es que Séneca jugó su vida para demostrar que la ética y la moral están por encima de los caprichos del gobernante.

            De ahí que Séneca sea el continuador de Platón en la idea de dotar al gobierno de un príncipe sabio; de llevar la racionalidad al gobierno y de buscar el trato justo hacia los gobernados. En ese sentido Séneca es un fundador de la política moderna y un digno ejemplo de la búsqueda de las acciones éticas en el gobierno. Su ejemplo personal se pone hoy como un paradigma de pensador que muere para salvar sus ideas. 

            La condena a la que lo somete su discípulo Nerón no le hace variar lo que había predicado. Murió digno de haber escrito y actuado de forma ejemplar, como Sócrates. Una vez más la política y la ética se encuentran de forma problemática con la práctica. Séneca, hombre rico de nacimiento, entregó al emperador su riqueza con la idea de que lo excusara de participar en su gobierno autoritario; marcado por la muerte de su hermano Británico, por la de su madre Agripina y por la de su esposa Popea. Un gobierno, en fin, que abrió un período de guerras civiles en Roma.

            La actualidad de Séneca es sin dudas uno de los temas que nos llegan a la mente cuando leemos esta importante biografía que es, además de historia de Roma, un fardo de enseñanzas sobre la filosofía estoica y el arte del buen gobierno. Séneca quien, como dice Monterroso es el precursor de la idea del príncipe en El cortesano de Castiglione y en El Príncipe”de Maquiavelo, es también el precursor del ensayo como género literario junto a Michel de Montaigne; y de la teoría del souci de soi (el cuido de sí), de Michel Foucault.

            Su visión del hombre, su razón universal lo colocan como un precursor del humanismo. Su relación con el cristianismo naciente es interesante. Y esto se echa de ver en el pensamiento de Nietzsche, quien no podría comulgar con Séneca, en este aspecto. Su platonismo lo hace un cristiano. Pero el filósofo alemán tiene como Séneca una centralización en la moral, (como crítica) y en el individuo.

            Séneca es un pensador de lo que llaman los franceses el dedans la interioridad. Construye una teoría del yo que lucha contra el poder. La imagen de Séneca tomando la cicuta como Sócrates, o cortándose las venas en el baño mientras recuerda sus enseñanzas estoicas, son referentes de las tensiones entre sabiduría y poder; entre la relación de la teoría y la práctica. Séneca no solo habló para su tiempo, sigue hablando para el nuestro. En un tiempo en que el hombre prerenta su desgarramiento existencial y debe buscar sus cuidados.

            Séneca propuso un modelo de príncipe que solo encontró en otros emperadores como Marco Aurelio, el emperador filósofo; el filósofo estoico de Las Confesiones. La modernidad nos legó una imagen distinta del príncipe, las de Niccolò dei Machiavelli. Tal vez esa es la que ha ganado frente a la idea utópica del sabio, del filósofo gobernante que expusiera Platón en República y que Séneca justificó en sus libros y en su práctica intelectual y política. Se ha dicho mucho que el mejor libro de Séneca es Cartas a Lucilio. Ahí está la síntesis de sus ideas.  Recomiendo la lectura de Séneca la sabiduría del imperio (Almuzara, 2018) y también Cartas a Lucilio. Los lectores más interesados en la figura del filósofo y de su doctrina podrían leer también el libro de Paul Veyne Séneca, una introducción (2008) y el clásico de Tácito, Anales.

Séneca, el modelo de principe, la moral y la política en el imperio

Similar Posts

  • |

    Las preguntas por el arte, de la mímesis al arte de nuestros días

    El artículo, titulado «Las preguntas por el arte, de la mímesis al arte de nuestros días», escrito por Miguel Ángel Fornerín, aborda la temática de la Estética y su relación con el arte a lo largo de la historia. El autor menciona su encuentro con Pedro Mir, quien fue un estudioso de la Estética y de la poesía.

    El artículo comienza haciendo referencia a la muerte de la Estética según las nuevas teorías del giro lingüístico, que cuestionaban los siglos de razonamiento sobre el arte. Sin embargo, Mir argumenta que la Estética sigue teniendo importancia como disciplina que estudia el arte.

    El autor menciona la influencia de Platón en la reflexión sobre el arte, destacando la idea de la imitación de la naturaleza y la búsqueda de la verdad a través del arte. Se plantea la pregunta fundamental de qué es el arte y cómo definirlo. Se hace referencia a la crítica de los vanguardistas y los anarquistas del Café Voltaire de Zúrich, así como a la pregunta planteada por Arthur Danto sobre qué hace que un objeto sea una obra de arte.

    Se menciona la influencia del perspectivismo y el relativismo en el arte posmoderno, así como la importancia de la historia y la técnica de los artistas según Danto. El artículo concluye mencionando la pasión de Mir por la Estética y su defensa de esta disciplina.

  • |

    Las preguntas sobre el arte: los juicios estéticos

    En el artículo «Las preguntas sobre el arte: Los juicios estéticos», Miguel Ángel Fornerín cuestiona la posibilidad de alcanzar un consenso en los juicios sobre el arte en un mundo dominado por el relativismo. Destaca que el arte, establecido como Estética en el siglo XVIII con la aspiración de constituir una ciencia de los valores estéticos, no puede ser definido, analizado o enjuiciado de manera que todos los participantes tengan las mismas ideas o certezas. Fornerín señala que las teorías del arte son contingentes y evolucionan con el tiempo, la técnica, los acontecimientos sociales y la diversidad de enfoques para entender el arte.
    El autor sostiene que el concepto de arte es más permanente en comparación con las nociones de desarrollo provenientes de otras disciplinas. Aunque la técnica cambia, el arte como objeto sensible perdura. Fornerín plantea la relevancia de las preguntas sobre qué hace que un objeto sea una obra de arte y cómo pensar el arte en la postmodernidad, cuestionando la posibilidad de hacer tabula rasa de todas las ideas anteriores sobre el arte.
    Asimismo, expone las implicaciones del relativismo posmoderno en los juicios estéticos, destacando su impacto en la autoridad de la filosofía, los artistas y los críticos del arte. Fornerín también discute la noción de consenso en los juicios sobre el arte, citando a Lyotard, y aborda la cuestión del valor del arte en la actualidad, enfatizando el papel de las corporaciones, los museos, los comerciantes y los coleccionistas en la determinación del valor del arte en la era posmoderna.
    El autor concluye que el arte contemporáneo es en gran medida un reflejo de las dinámicas del mercado, alejándose de las lógicas tradicionales de valoración propuestas por filósofos y críticos del arte.

  • |

    Guerra y narratividad: la idea de Europa

    El artículo «Guerra y narratividad: la idea de Europa» del autor Miguel Ángel Fornerín analiza cómo la guerra desencadena una serie de operaciones en las que el poder (o mejor dicho con Roland Barthes, los poderes), se articulan en distintos frentes, desde la lucha entre la infantería y la artillería, en la retaguardia de los ejércitos y también en el espacio del espectador inmediato, a través de una suerte de quinta columna. A su vez, el autor se centra en cómo el lenguaje se convierte en un elemento narrativo importante en esta operatividad, ya que los sujetos articulan el sistema de la lengua y crean discursos o se apropian de relatos que se dan en distintas disciplinas, como la historia, la geografía, la economía, la sociología, la política y hasta en la cultura espiritual, como las religiones. En este contexto, el autor destaca el discurso del occidentalismo, que cruza toda la construcción cultural europea y ha estado entrelazado con la filosofía, la psicología y las teorías coloniales, y cómo este elemento narrativo es usado por el presidente Vladimir Putin como elemento propagandístico para dividir y apelar a un nuevo bloque de países y así conformar un nuevo orden mundial no unipolar.

  • El cuento psicológico dominicano y los límites de César Augusto Zapata 

    En este artículo, Miguel Ángel Fornerín examina el cuento psicológico en la obra de César Augusto Zapata, centrándose en su Breviario sin límites (2011). El autor analiza cómo Zapata, en la tradición de escritores como Virgilio Díaz Grullón y Marcio Veloz Maggiolo, utiliza la prosa para explorar la interioridad de sus personajes y los dilemas entre la mente y la realidad. Fornerín resalta el estilo narrativo singular de Zapata, alejándose de lo poético para centrarse en una prosa rítmica y directa, rica en simbolismo y con referencias a la represión del poder y la lucha política.

  • La poesía de Mateo Morrison, la sencillez expresiva

    El artículo de Miguel Ángel Fornerín se centra en la poesía de Mateo Morrison, un poeta dominicano que se destaca por su sencillez expresiva y su anclaje en lo poético. Morrison no se interesa por la teoría o la experimentación, sino que su poesía es una expresión humana y sencilla que refleja la profunda definición del hombre. Además, su poesía tiene una práctica social, política y cultural que refleja su compromiso con el pueblo y sus manifestaciones. Fornerín también hace referencia a otros poetas dominicanos y sus propuestas poéticas, así como a la relación de Morrison con la Generación del 48 y su lectura de la poesía norteamericana. Finalmente, concluye que la verdadera definición de Morrison como poeta radica en su capacidad de expresar la verdad del ser sin matices ni ruidos, lo que lo convierte en un poeta verdadero.