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CUANDO TITE CURET SE DOMINICANIZÓ Y SUBIÓ AL CIELO EN UN CABALLO BLANCO

Miguel Ángel Fornerín

A partir de composiciones emblemáticas como “El mamito”, “Las caras lindas de mi gente negra”, “Anacaona”, “Puro teatro”, “Periódico de ayer”, “Plantación adentro” y “Yo me dominicanizo”, Fornerín presenta a Tite Curet como una de las grandes voces de la “salsa con conciencia”: un compositor capaz de convertir en canción la experiencia del negro, del trabajador, de la mujer, del indígena y de los sectores populares del Caribe.

El ensayo culmina en una memoria personal: el encuentro de Tite Curet con Luis Díaz e Ilka Mateo en el Viejo San Juan. Allí, entre merengues, salves, palos y tambores dominicanos, la música convierte el espacio puertorriqueño en un territorio de comunión antillana. La imagen de Curet elevándose simbólicamente “al cielo en un caballo blanco” resume una poética del Caribe entendido no como archipiélago de aislamientos, sino como red de intercambios, migraciones, ritmos y memorias compartidas.

Corrían los años sesenta y Johnny Ventura estaba trabajando en una mezcla sin igual con su combo. Con “El ritmo merembé” (los indios) de Joseíto Mateo, el muchacho alegre, de fina educación y caballero ejemplar, entró en el boom de la salsa. Garbó un tema que despertó los barrios de gente que había llegado del campo luego de la muerte de Trujillo y de que se hiciera popular el tema de Billo Frómeta: “Mataron al chivo en la carretera”.

Catalino Curet Alonso, llamado Tite (Guayama, Puerto Rico, 1926-2003), periodista, músico y compositor, iba hilvanando un subgénero dentro de la música neocubana (o afrocaribeña), ese que fundan en Nueva York como “salsa” Johnny Pacheco y los hermanos Palmieri. En la composición “El mamito”, cantada también por Joe Quijano y Harry Fraticelli, se ven reflejados los jóvenes barbudos con pantalones acampanados que llenaron las boîtes y crearon una nueva forma de socialización. Una nueva apertura urbana se daba en las calles dominicanas.

“El mamito” causaba furor, como muchas otras canciones de salsa que se difunden mediante los discos de 45 y 33 revoluciones por minuto y la radio con sus nuevos locutores que querían diferenciarse de los viejos de la Voz Dominicana. La apertura hacia la urbanidad de gente que hace un tiempo era campesina es digna de detenidos estudios sociológicos, que podrían demostrar la importancia de la música popular como medio de relación de clases, aspiraciones y movilidad social.

La representación de “El mamito” (1968) nos lleva a pensar en los muchachos del barrio que buscaban cierta integración a la cultura de la moda dada por la cultura pop. Es una nueva identidad que preludia la sociedad de consumo, la uniformidad de la moda y un cierto triunfo en el nuevo espacio urbano. Los pantalones de cuadros, las camisas abombadas, la cadena de oro y una cierta llamada al lustre de nuevos tiempos que se verán con mayor esplendor en la cultura urbana de los setenta. 

Curet Alonso, de quien este año celebramos su centenario, creó la tendencia de la “salsa con conciencia”. Él es parte de una pléyade de compositores puertorriqueños que se inicia con Morel Campos, Rafael Hernández y que han dejado una discografía nacional de miles de canciones. Aunque la historia valora mucho a Rafael Hernández, cuyos contactos y trabajo con República Dominicana espejan el Trío Borinquen (1925), también llamado Trío Quisqueya, con la voz del dominicano Antonio Mesa, quien reemplazó a Manuel “El Canario”; la gesta musical de Curet Alonso fue poderosa, y sus huellas en Santo Domingo deben ser situadas. 

Una mirada al portentoso trabajo de Catalino Curet Alonso como compositor, que potenció el éxito de orquestas y cantantes, nos muestra su legado. El tema racial que valora al negro en el movimiento de reivindicación racial aparece en “Las caras lindas de mi gente negra” [“Las caras lindas de mi raza prieta/ Tienen de llanto, de pena y dolor/ Son las verdades que la vida reta/ Pero que llevan dentro mucho amor”; tema cantado por Ismael Rivera para su agrupación “Los Cachimbos”, en 1978. También aborda Curet el tema indígena con “Anacaona” (“Anacaona, india de raza cautiva/ Anacaona, de la región primitiva”) interpretada por José Cheo Feliciano (1971), como en “Caonabo (Alexis Martínez, Salsa desde mi balcón (2014). La deconstrucción del machismo en la voz femenina de La Lupe en composiciones como “La gran tirana” y “Puro teatro” son obras singulares del puertorriqueño. También para Celia Cruz y Johnny Pacheco compuso “Tengo Idde” (1974), sobre brujería y religiosidad africana e “Isadora” (1978), sobre la gran bailarina cubana, un homenaje que como dice en la canción Celia Cruz “se lo da El gran Tite Curet”. El exitoso número “Periódico de ayer”, cantado por Héctor Lavoe (1976), es una pieza escrita por un periodista que sabe expresar los elementos puntuales de la prensa en un texto musical. 

En el campo del bolero, Tite Curet deja uno de los más importantes del Caribe, “Tiemblas”, en la voz de Tito Rodríguez, cuyo recuerdo es el marcador de una época en la que se expresaban los sentimientos caribeños y latinoamericanos. La colaboración de Curet Alonso y Rubén Blades con su canción “Plantación adentro”, aborda el trabajo esclavo, el pasado del Caribe que el compositor también musicaliza la salsa “La abolición”.

Catalino Curet Alonso escribió varios merengues lo que demuestra su versatilidad musical. Entre los que se destaca “Yo me dominicanizo” de Los hijos del Rey en voz del curazoleño Robert Jeand’Or (1980). La idea de volverse dominicano al escuchar la tambora y asociar este trance a una búsqueda espiritual, muestra una vez más el sentido caribeñista de la poética del cantor popular en la que transita tanto la voz del intérprete como el sentido del compositor que ve la música como la expresión de estas islas que, en lugar de aislarse, se relacionan las unas con las otras. El movimiento de la salsa, en el que se destaca La Fania All Stars, es un vivo ejemplo de encuentros y colaboración de los músicos del Caribe.

En Tite Curet Alonso hay un deseo de presentar el teatro de la música, el hombre en la calle, la situación histórica, el indio, el negro, la esclavitud, y la pobreza (como lo testimonia la canción “Con los pobres estoy”, donde remeda a José Martí, composición interpretada por Roberto Rohena y su Apollo Sound). Lo que se ha llamado “salsa con conciencia” no viene de la nada. Al llegar a vivir en los cincuenta en Barrio Obrero, Curet Alonso trabajó en el correo, donde tuvo contacto con la gente del trabajo y la heterotopía que allí comenzaba a levantarse. Por otro lado, su música no busca plantear un problema detalladamente, sin embargo, lo presenta en una canción donde el hombre busca a la mujer y a veces hay un cierto amargor en la indiferencia femenina hacia el pretendiente, como una respuesta fuerte de la fémina al abordaje masculino (La Lupe).

En el disco “La combinación perfecta”, Pete El Conde Rodríguez & Johnny Pacheco interpretan “La esencia del guaguancó”. No es la única pieza en la que el puertorriqueño expresa su apego a esa música cubana que aparece al final del siglo XIX en La Habana, mostrando como la cubanidad se hace caribeñidad, sino una invitación a la innovación del archivo musical. Recordar los cruces de Billo Frómeta hacia Cuba y sentir el soneo de un boricua que busca los rasgos de la música de Cuba, como Maelo con Cortijo, y el trasplante en Nueva York con el dominicano Pacheco, es signo de una cultura que se reescribe en la relación, las capas históricas y el develamientos de un pasado que es comunión sentimental.

Lo dicho más arriba lo puedo testimoniar al observar la relación de aprecio y reconocimiento mutuo entre Tite Curet y Luis Díaz. Corrían los años noventa y el compositor de “El guardia del arsenal” dio un modesto concierto en “La casa de los contrafuertes”, al lado del Convento de los Dominicos, en el Viejo San Juan. Luis Díaz e Ilka Mateo hicieron sonar los tambores con ritmos de merengue y salve dominicana. Los tambores llegaron a su máximo esplendor. Tite, con su camisa africana y acostumbrado sombrero, y yo de cronista estábamos en primera fila. Cuando los tambores bravos declamaban a una noche maravillosa, Tite parecía irse al cielo en un caballo blanco. Quedaban en el recinto los coros, los palos y el ritmo que habla en otras lenguas de un tal Liborio Mateo (continuará).

Salazar, Norma. Tite Curet Alonso. Lírica y canción (2008)

Martínez, Alexis.Salsa desde mi balcón, (2014)

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