Venecia, la inclusión del mundo, diversidad y actualidad
Miguel Ángel Fornerín
Ver la Biennale Venezia 2026 es, en cierta manera, leer el mundo y las precipitaciones contemporáneas. El arte representa, dialoga, construye, problematiza; hace que aflore lo que estaba escondido y, como signo de nuestro tiempo, es metáfora que instala el ser ausente. La bienal es también un espacio para ver el tiempo del arte; más que el tiempo pasado que queda fijado en los museos y refiere a su historicidad. La concomitancia de los tiempos se puede leer en esta supermuestra de Venecia.
Las representaciones, las técnicas y las formas son diversas y otras veces recurrentes. La naturaleza, la ciudad, la paz y la guerra allí se encuentran junto a los opuestos que en la vida antagonizan; también dialogan y armonizan, tal vez en una síntesis que es el lugar de confluencia donde lo diverso se encuentra en la esperanza humana. Y digo esperanza porque lo que hemos construido como humanidad es hoy el espacio del horror de la historia, pero el arte puede pensarlo como esperanza.

Tal vez el primer valor que debemos ver en esta disposición es la selección. Es el corte, la aposiopesis o reticencia, es lo que se coloca y lo que se deja ausente. Ante un mundo expresionista de los gritos y las angustias, la totalidad puede verse como ensoñación. Sabemos que el mundo actual no es esto, pero el arte también lo puede mostrar de otra manera. De una forma esperanzadora. Porque la totalidad está conversando. La presencia de ese otro mundo, tal vez el mundo periférico. Las obras que van de Uruguay al Líbano, de Haití a Palestina e Israel, que tocan a África y además se inscriben en el mundo vietnamita, japonés… en fin, oriental. Es una muestra que borra la presencia del eurocentrismo tantas veces presente en el arte, para darnos representación de un margen que se encuentra al mirar otro tiempo y otros espacios.
La presencia de Nairobi y su pintura contemporánea nos hace pensar en la historia del arte como relato. En la mirada que le ha dado a África. Un Occidente que ha marcado, saqueado símbolos, que ha concebido a África como lo extraño, lo exótico, lo bizarro. Las propuestas de las obras de autores africanos en Venecia representan un África que habla por su propia voz y dialoga desde sus tradiciones africanas con la historia del arte de Europa. Visto así, es una vuelta a la tuerca de un relato que se inicia con viajes y conquistas. El Otro ahora no es visitado, el otro ha venido a conversar. Contradicción entre ese otro artístico y el inmigrante actual desesperado por encontrar un lugar en el mundo. Un espacio de realización de la esperanza.

La gran muestra se puede leer desde la figuración y la abstracción. El cuerpo en el conjunto queda reivindicado. La escultura, la pintura y las demás representaciones mediáticas concurren con las instalaciones que dejan ver la obra como fenómeno y sorpresa. Los colores puros resaltan y contrastan con las distintas armonías, bajo las luces y reflectores umbrales que dejan ver el recodo de una modernidad que se encuentra en el post. La modernidad es ahora una constante en las representaciones contemporáneas. Ya lo dijo Meschonnic: la actualidad que visita el margen lo hace desde lo moderno (Modernité, modernité).
El pop como sistema urbano dueño de los medios de representación visual de la modernidad y la posmodernidad dialoga o se apodera del discurso lineal cuando interrumpe las periferias y se hace centro en un viaje a Asia. Volvemos a Andy Warhol como una forma de insertar en la línea narrativa a la cultura estadounidense que nos ha dado “The American way of life”. La historia contemporánea nos llega en los fotomontajes e intervenciones de otros relatos que son hipertextos superpuestos. Ellos dialogan con los museos Guggenheim. Dan al arte pop su lugar de empresa victoriosa. Dan a la gran urbe su espacio, sus referentes y sus recuerdos. Así el arte actual no solo contiene el primitivismo, sino que el pop mismo es ese otro lenguaje de la modernidad. Todos anexados buscan asir el mundo en sus distintas manifestaciones, en una polisemia de sentidos. En un discurso de la actualidad. Actualidad que lo convierte en forma, en lanza y en juego de símbolos.
Ahora bien, los salones dedicados a los países presentan distintas maneras de acercarse a un arte que ya podemos decir que es predictivo. Y que sobresale porque busca significar algunos temas de la actualidad. En la medida en que es una actualidad que tiene una significativa pulsión humana.
La presencia de Grecia es significativa. Al entrar encontramos un mensaje lingüístico en inglés. El objeto es una caja de embalar mercancía. Nos llama la atención. En la imagen se puede leer:
“Dear Visitor / We regret to inform you that Grecia has escaped.”

Estimado visitante: lamentamos informarle que Grecia ha escapado. Esta idea de un mundo que se fue. Grecia es la caverna de Platón en la instalación de Angelidakis, Escape Room. En la caverna, se ha escapado el país personaje, de una historia terrible. De un tiempo que parece regresar. De unas verdades que hoy son mentiras. O de mentiras que parecen verdades. La caverna es una máquina que crea una nueva realidad. Pero Grecia se ha escapado. Las fechas remiten a otra historia, pero conectan con el presente.
La sala de Rumanía es un espacio virtual dedicado al mar Negro (Black Seas: Scores for the Sonic Eye), de Anca Banera y Arnold Stephán. Un mar que es una frontera. Que es una boya marina, un clamor de sonidos y elementos. Un mar que es historia de migraciones y ahora de otras guerras. Lo recuerdo: he visto desde el minarete de la mezquita clausurada de Constanza. Se ven a lo lejos pasar lentamente los grandes barcos mercantes. El horizonte es oscuro. Por él transitan culturas y lenguas diversas: las eslavas, las túrquicas, las tártaras, las latinas, las iranias y aquellas que todavía respiran la memoria selyúcida. Es el espacio de Asia Menor, territorio de encuentros, desplazamientos y antiguas rutas; un mar por el que han circulado durante siglos mercancías, pueblos, imperios, lenguas y memorias.
El encuentro con Europa. ¿Por qué Rumanía y no Ucrania? Tal vez sea la misma preocupación. Como en ese mar de cruces también están apareciendo otros sentidos de una nueva manera de ver el mundo. Arte y realidad están ahí. Una estética que es un gran manto que recuerda otra ética, otra política, otra utopía… o simplemente su negación definitiva.
