Petrarca la vida virtuosa del renacimiento. Imagen generada por Firefly.
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La farmacia de Petrarca


Miguel Ángel FORNERIN

Este artículo nos invita a buscar en la farmacia de Petrarca la sabiduría y el consuelo necesarios para resistir los desafíos de la vida moderna y cultivar una vida virtuosa y feliz.

Petrarca la vida virtuosa del renacimiento. Imagen generada por Firefly.
Petrarca la vida virtuosa del renacimiento. Imagen generada por Firefly.


 Tal vez en estos días aciagos sea necesario tener una biblioteca que a la
vez sea una farmacia. Botica donde el alma encuentra necesarios e
inveterados remedios. Uno de los libros de la estantería debería ser De
remediis utriusque fortunae
, de Francisco Petrarca (1304-1374), una de
las figuras más importantes del Renacimiento italiano.


Este libro, que consta de 254 diálogos cortos, divididos en dos libros
de ‘Fortuna variante‘ (Fortuna cambia) y ‘Fortuna permanens’ (Fortuna
permanece), será de invaluable importancia en los tiempos que corren
caracterizados por una carrera insana en busca de los bienes materiales,
en los que el hombre, más bien un naufragio entre las cosas, como diría
Ortega y Gasset, tiene una visión hedonista del mundo. A diferencia del
hombre renacentista, como Petrarca, dedicado a la educación y a la
búsqueda de una vida feliz a través de la virtud, el hombre contemporáneo
se ha convertido en el adorador de las cosas. Un estar afuera que le
impide ver los senderos de su propia interioridad.


Para los males de un mundo donde la convivencia está conformada
en derechos, donde el respeto a la vida humana ha llegado a un punto
inimaginable, conviene, o es perentorio, que nos detengamos y
cambiemos la perspectiva. Es preciso mirar las heridas, el lado interior, el
costado sangrante. El humanismo que Petrarca ayudó a forjar parece en
pocas palabras, algo que hemos dejado en la distancia. Pero el hombre,
precisa mirar a su alrededor, y buscan al que le ha dado sobre el hombro
una palmada. Encontrar otro espacio donde concentrar sus pensamientos.
Y, ya reflexivo, encaminar los pasos a su morada interior.


Ese adentro para Petrarca era la vida virtuosa. Una vida pensada de
resistencia frente a los males de los tiempos. Entender el Renacimiento
italiano es importante para vernos a nosotros en nuestra actualidad. Los
renacentistas se quitaron de encima el fardo de una tradición teocentrismo
a la vez que encontraron en la cultura clásica de Grecia y Roma las
coordenadas para basar la educación del hombre nuevo. Fue una época
en que florecieron las ciudades y la sabiduría. Existía el ideal del sabio. La
filosofía romana, tan interesada en el sujeto y en que sus ideas estuvieran
dirigidas a fomentar una actitud nueva, una resiliencia del ser humano
frente a los avatares de la vida, tenía tiempo suficiente para convertirse en
tradición del pensar. De ahí que los libros para consuelos y consejos para
el buen vivir podían ser recuperados en el hospital de las almas.

Tal vez, luego del conocimiento de que no somos una categoría
histórica que nos conduce imparablemente a la libertad, que no gozaremos
de una pretendida idea trascendente en el terreno social, que ya no es
firme la idea de una utopía redentora, debemos mirarnos sin pensar en el
horror de sí mismo. Como resistente frente a la vida. Buscar el consuelo en
la sobrevivencia, en el combate de vivire militar est.

De la farmacia de Petrarca al hospital de Nietzsche: el psicólogo, va el pensamiento del
humanismo a los tiempos contemporáneos. Si la vida es un caos, si ya no
podemos concebir el mundo como un orden; si ya no nos consuelan las
distintas trascendencias, debes volver el rostro hacia ti mismo.
Destacó en Remedios para la vida (selección y traducción de José
María Micó), el carácter perspectivista del diálogo (tal vez muy a lo
platónico: la verdad soy yo); la idea de buscar la verdad en la
confrontación de ideas diversas. La fuerza de la observación frente a la
vida, la importancia de la vida como acontecimiento, como eventualidad.
Un acaecer que nos deja una experiencia que en sí misma debe
conducirnos a la reflexión. Pero no al pensamiento solipsista, sino a un
diálogo con la interioridad, desde la biblioteca de la tradición.
Petrarca retoma ese pasado. Su educación latina lo lleva a valorar su
cultura. A buscar en el pasado de los hombres ejemplares sus
enseñanzas. Aunque para él la vida no es del todo el espacio de los
estoicos. No ve tanto el mundo interior como triunfo, sino como resistencia
al mundo de afuera.   


Para Petrarca la sabiduría no puede ir sin la compañía de la virtud.

Estas se alcanzan desde la reflexión. Por lo que pone el saber en primer
lugar, aunque el actuar es fuente para la sabiduría. Cosa que no se
alcanza ni en la calle ni en la vida temprana. Es necesario el tiempo para
cultivar la vida, sobre todo en los estudios, para alcanzar la sabiduría.
Petrarca distingue entre el saber y la instrucción. Algo tan común en
nuestros días, porque no hace el título al sabio, ni la sabiduría se
encuentra en abundancia en nuestro medio. Sabios son unos pocos y
luego de una larga vida.
De la libertad dice que es obra de la Fortuna. No tan significativo es
decir cómo vivir libre o como morir en libertad. La vida, que es igualdad en
cuanto a lo que a cada uno da la fortuna. Petrarca une a la libertad a
ciertas virtudes como la prudencia, la justicia, la humildad; se necesita para
ser libre, ser inocente, piadoso y firme. La libertad que te prodiga la
sociedad está en relación con las cadenas que existen en tu vida interior.
¿No es esta una buena lección para los tiempos en que vivimos? Creemos
vivir en una sociedad libre, como si esta hubieras salido de los árboles y

disfrutáramos de su sombra en un umbroso parque; sin parar mientes en
que la libertad la hemos construido en llanos de resistencia interior y
exterior; y ella, como banderola en tempestad, se afirma y se niega
constantemente.
Por otra parte, dice Petrarca que a veces por la mitad de tu vida llega
una falsa riqueza. Pero la pobreza marca totalmente tu principio y tu final.
Pobre has nacido y pobre te enterraran. El mundo en el que vives es un
valle de lágrimas. Con lo que expresa su mundo. La perspectiva de su
época. La nuestra tan hedonista y lanzada a los orgullos y a llenar con
cosas la vida interior, necesita de su botica, necesita remedios, su
resistencia. Y para esto qué mejor que la educación en una vida feliz,
dichosa y virtuosa (Seneca, De Vita Beata, Cartas a Lucilio). O, por el
contrario, ¿tendríamos que pensar el mundo como lo pensaron los
estoicos? ¿o como lo pensaron los griegos como un orden, como lo pensó
Nietzsche como un caos lleno de fuerzas o de voluntad de poder, o más
bien como lo piensa toda la filosofía del sujeto, como un espacio de
enajenados, designio de farmacias y hospitales?


En la farmacia de Petrarca podríamos encontrar la sabiduría y el
consuelo. Aunque al final vivimos la vida como males, es decir, desde la
patología. Lo mejor sería salir de ellos porque al final no nos quejaríamos,
ni estaríamos sujetos a los males del cuerpo; de lo que viven los médicos y
las corporaciones que llaman de salud, ni la vejez, que hoy se ha instituido
en casa de viejos felices, que se creen jóvenes, sin “los engaños de los
hombres” ni los vaivenes de la Fortuna.
Una filosofía práctica nos ayudaría a vivir, aunque una filosofía
histórica nos ayudará, sin dudas, a pensar nuestro destino social, que no
se puede soslayar debido a un encuentro con nuestras debilidades
interiores.

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