De la escritura ancilar al poema fundacional, las Obras completas de Tomás Hernández Franco   

 

Miguel Ángel Fornerín 

 

 

La Sociedad Dominicana de Bibliófilos, que dirige el doctor Dennis R. Simó, ha publicado recientemente las “Obras completas” del poeta y narrador Tomás Hernández Franco, con el cuidado editorial de Guillermo Piña-Contreras, quien ya había dirigido la publicación de las Obras completas de Juan Bosch”. Esta edición no es el primer intento, sino el definitivo porque el Consejo Presidencial de Cultura dio a la estampa, con el cuidado editorial de José Enrique García, un tomo de los escritos del autor de “Yelidá”  en 2000, con el título Tomás Hernández Franco, obras literarias completas.

Esta edición, con el estilo fundacional de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, tiene el atractivo de presentar el corpus definitivo de la obra del autor. Antes los bibliófilos habían publicado su conferencia, Apuntes sobre poesía popular y poesía negra en las Antillas”(1978), que vio la luz originalmente en El Salvador en 1942. La edición del CPC, como edición abarcadora, tiene la particularidad de integrar un libro poco conocido en el país, El hombre que había perdido su eje (1923), publicado en París, con ilustraciones de Jaime Colson.  

Pocos escritores conocieron este libro, creo que fue apartado de su bibliografía por el mismo autor, debido a su carácter decadentista. No tengo dudas que este libro no podría entrar en las prédicas moralistas de la dictadura. La importancia de esta obra para la historia del cuento dominicano, la he establecido en otro lugar. Solo queda decir que fue un texto de vanguardia, tal vez el más vanguardista de nuestra narrativa. Pedro Peix seleccionó el cuento “La última aventura de Charlot” para La narrativa yugulada (1987). 

La crítica agrupó su trabajo poético dentro de Los independientes del cuarenta, que incluye también a Pedro Mir, Héctor Incháustegui Cabral y Carmen Natalia, entre otros.  Entiendo que ese agrupamiento hace que se pierda la historicidad del acto creativo. Hernández Franco comenzó a escribir muy joven. Sus primeros libros son de la década del veinte. Aunque su escritura tiene logros en los cuarenta y en la década del cincuenta, con la edición de  “Yelidá” (1942) y con la publicación del libro de cuentos Cibao (1951).  

El estilo de vida de Tomás Hernández Franco afectó en gran medida su carrera como escritor. Solo “Yelidá” y Cibao nos quedan como obras de gran valor. Y esto es un aspecto que siempre hemos lamentado cuando nos asomamos a su obra.  Sobre todo, porque Hernández Franco fue uno de nuestros primeros periodistas. Se inició muy joven en “El progreso” de La Vega, en un momento en que la juventud de Santiago miraba el movimiento cultural vegano que admiraba García Godoy. 

Luego, el autor de “Salutación a Pancho Alegría, capitán de goleta” pasó a trabajar en La información. Se templó su espíritu nacional con la campaña por la desocupación de las tropas estadounidenses del país. Tiempo de mucha lucha, discursos y reclamos patrióticos. Era un tiempo en que el hostosianismo y el arielismo daban la última batalla contra el personalismo político y eran también los días finales de la política que se impuso a la caída de Ulises Heureaux. La República Dominicana pasaba a vivir una nueva etapa de su modernización. Hernández Franco publicó Rezos bohemios (1921) y Capitulario en (1923). Si en su primer libro de poesía no convence del todo como poeta, en este libro deja ver a un periodista de fácil palabra. Un conocedor del idioma. Escribe con naturalidad y se nota al narrador que fue. 

Su aventura parisina nos deja a un autor que pasa de la Sorbona al boxeo, del vanguardismo a la escritura ancilar. Regresa al país y participa en la lucha de la juventud contra la reelección de Horacio Vázquez. El líder del movimiento santiaguero fue Rafael Estrella Ureña. La información es el periódico que catapultará a los intelectuales al ruedo político y en este caso, primero, con Estrella Ureña, y, no muy tarde, con Trujillo. 

Las obras completas presentan dos libros panfletarios del autor de “Yelidá” que presentan también su itinerario político. Trujillo tuvo en Santiago una ciudad letrada que no solo le favorece, sino que había encontrado en él al caudillo que terminaría con las “ínsulas interiores”, con las sediciones de los grupos políticos que habían provocado la caída de la segunda república. Como escribió el puertorriqueño Víctor Medina Benet en “Los responsables”. Aunque hoy entendemos que otros factores geopolíticos fueron determinantes para la pérdida de la soberanía dominicana en 1916.

Tomás Hernández Franco fue un intelectual al servicio de la dictadura. Y muy temprano creyó que Trujillo representaba un cambio en relación al gobierno en ruinas de Horacio Vásquez. Su actividad literaria fue escribir libros para hacer propaganda sobre la importancia de los primeros gobiernos del dictador.  Sus obras: La más bella revolución de América (1930), Los dos años del gobierno del presidente Trujillo (1932) y Cuatro años del gobierno del presidente Trujillo (1934), así lo confirman. 

Esta actividad de autor ancilar la realizó mientras ocupó cargos en el gobierno, tanto en el país como en el extranjero, donde fue diplomático. De su pluma salió un libro de poemas, sin lugar a dudas el mejor de todos los que publicó: “Canciones del litoral alegre” (1936). El libro tiene una fuerte intertextualidad con Marinero en tierra”de Rafael Alberti. La poesía del neopopularismo de la Generación de 1927 tiene en él una presencia destacada tanto por los temas que buscan cantar a grupos marginados, los gitanos o los negros, como por la plasticidad de sus imágenes. 

Es sabido que el punto más alto de la lira de Hernández Franco es su poema extenso y fundacional “Yelidá”, (1942). Sobre este poema las “Obras completas” dedica una gran cantidad de acercamientos críticos de mucha importancia para los estudiosos de la poesía dominicana. El otro logro de este autor es el libro arriba mencionado de narraciones, Cibao. En él muestra sus dotes de narrador, la fuerza de su prosa que ya había desbordado el periodismo de su juventud. El problema de este libro es que aparece tardíamente. Los temas rurales de sus cuentos están más próximos al José Ramón López de Cuentos puertoplateños (1904), que a la narrativa de Juan Bosch que ya había comenzado su giro hacia La muchacha de la Guaira de 1955. 

Leer Cibao no es solo entrar en el mundo de la ruralía que nos presentan los autores que Emilio Rodríguez Demorizi antologó bajo el título Cuentos de política criolla, (1963), sino ver cómo dentro de la vida azarosa de la política, del servilismo, de la adscripción a ideologías, un escritor de grandes posibilidades en la poesía, en la prosa y en la narrativa, sucumbe en los caminos ya trillados de un perimido momento del escribir y simbolizar la realidad dominicana. 

En los últimos años de su vida, Tomás Hernández Franco fue uno de los editores de Cuadernos dominicanos de Cultura, junto a Héctor Incháustegui Cabral, Rafael Díaz Niese y Pedro René Contín Aybar. Los Cuadernos dominicanos buscan ser la presentación de la dictadura en el ámbito de la cultura. Era una publicación para mostrar en el extranjero una cara distinta de Trujillo, frente al trabajo por la democracia que realizaban los exiliados dominicanos. 

Las Obras completas de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos nos permiten leer, releer y pensar el destino de una de nuestras figuras cimeras de la lírica dominicana. Autor reconocido por un gran poema sobre el mestizaje caribeño (continuará). 

 

 

 

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