La literatura en tránsito, utopía, revolución y desencanto en Azul mortal de Maryse Renaud

MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN En«Azul mortal», Maryse Renaud vuelve a trabajar los contextos sociales que plantean la violencia política y el movimiento social e ideológico que muestran el desencanto ante la caída de las ideas utópicas en Martinica.

Cuando inicié la lectura de la obra de Maryse Renaud, martiniqueña, que ha desarrollado su formación, su profesión y escritura desde París, la definí como una literatura en tránsito: autores que escriben desde el ‘exilio’ cultural, político y económico. O aquellos que escriben en una lengua de llegada sobre aspectos de su tierra de origen. En esta literatura que cruza las lenguas y las culturas existe un cierto nomadismo de las formas, de los discursos y las prácticas.

Maryse Renaud
Maryse Renaud

El Caribe y su pendular metropolitano

Partiendo de una búsqueda de la historia familiar, la narrativa de esta autora, que escribe en español (lengua en la que realizó su doctorado en Literatura Española por la Sorbona y ejerció su profesión en ese campo en la Universidad de Poitiers), indaga sobre el pasado político de su isla antillana, a la vez que muestra las conexiones de la cultura del Caribe con el destino metropolitano.

Martinica es una isla de una rica cultura y en ella se ha desarrollado la escritura de autores de profundo calado como Aimé Césaire, Cahier d’un retour au pays natal (1939); Raphaël Confiant, Le meurtre de Samedi-Gloria (1997); Patrice Chamoisseau Texaco (1992) y Édouard Glissant, Le discours antillais (1977), entre otros.

Literatura martiniqueña

Los interesados en la literatura del Caribe han leído la literatura martiniqueña mediante traducciones o en la lengua francesa, en la que esta literatura viene a ser una escritura regional. Pero con Renaud, se escribe en español, cosa inédita en la cultura del Caribe.

Una constante en la obra de Maryse Renaud, además de la exploración de la familia martiniqueña, expresar el desencanto con la caída de la utopía social que dominó el siglo veinte. Esto lo podemos encontrar de forma más directa en La mano en el canal (Corregidor, 2012), El cuaderno granate (Corregidor, 2009), Relato de ceniza (Verbum, 2016), entre otros.

En Azul mortal (Adarve, 2019) una novela de carácter policial, Renaud vuelve a trabajar los contextos sociales que plantean la violencia política y el movimiento social e ideológico que muestran el desencanto ante la caída de las ideas utópicas en Martinica.

Novela policial y realidad social

Muchos años después del asesinato de Justin, militante de izquierda, Albert Constant regresa con la intención de aclarar la muerte de su compañero. Constant había huido a París, luego de que una misteriosa llamada lo salvara de la muerte a manos de funcionarios del gobierno departamental. La mujer de Constant, una colombiana interesada en la política, lo anima a realizar el viaje. 

Su presencia en la isla abre el baúl de la memoria, no sólo familiar, sino de la memoria política. El discurso narrativo trabaja un periodo de tiempo que va de 1930 a 1965. La década de 1930 está marcada por la gran crisis de los enclaves. Es importante significar que en esos años Cuba, Haití, Puerto Rico y Santo Domingo vivían la crisis de las plantaciones cañeras que producían azúcar para la exportación.

De la platación al crimen político

La economía de plantación y enclave generó un desordenamiento de la vida patriarcal; se cambió la tenencia y el uso de la tierra. En el caso de República Dominicana esto motivó levantamientos campesinos, e intervención de las tropas norteamericanas en República Dominicana y Haití.

En el caso de Cuba, se afianzó la dependencia de la isla de la política de Washington; mientras que en Puerto Rico, los jíbaros bajaron de las montañas; la isla se convirtió en un cañaveral, con el acaparamiento de las tierras por parte de las grandes centrales y se produjo un estado de pauperización que propició la emigración de puertorriqueños a Hawái, República Dominicana y Estados Unidos.

El Caribe y la indagación de la memoria

También fue un tiempo de flujos migratorios dentro del archipiélago caribe. Era la época de los dictadores: en Haití Vincent y Lescot, en Cuba Machado y Batista; en Santo Domingo, Trujillo.

La década del cuarenta como su continuadora, fue el espacio tiempo de la Segunda Guerra Mundial y su impacto en el Caribe. Renaud debe filtrar los hechos a través de una indagación de la memoria, que toca el pasado esclavista de la isla, los conflictos entre martiniqueños y la administración francesa y también los conflictos entre socialistas, que luchaban junto a los trabajadores.

La represión política se manejaba desde la prefectura, de ahí que la muerte de Justin como crimen político y las pesquisas para resolverlo, hacen de esta novela un texto que desborda el género policial.

Porque en el fondo, la obra es un híbrido entre la novela del realismo social y la novela policial. Lo primero cala que difuminado y, hasta cierto punto, escondido por una narrativa centrada en el propósito de Albert Constant y su amigo Ozana de clarificar el crimen.

Narración y espejo

La obra sobresale por su narración pausada en la primera parte y vertiginosa al final; sus descripciones pinceladas del paisaje y la vida social de los isleños caracterizan la mirada del emigrado que regresa. Aquellos contextos que definen y permanecen en el tiempo.

Es el discurrir de una isla interior que la narración revela como acto de la escritura, desde el presente a la memoria. Vuelve Renaud como lo hiciera en el Cuaderno granate a establecer un mise en abyme, narraciones arrojadas al espejo, no sólo del personaje que sigue en la trama, sino de la autora que se reescribe en la materia que aborda. 

Tiene la autora un dominio excepcional de la forma de contar, una vocación de estilo. Por lo que su prosa es tersa, directa, hermosa y, muchas veces, sorprendente. La lectura se hace interesante y el conocimiento del mundo vivido queda ahí como una indagación de lo que hemos sido.”

En particular es de gran interés la construcción de los personajes femeninos. Clarysse Lambert desde su hacienda, viene a ser un sujeto de las tramas del poder. Una enigmática mujer caribeña construida desde unas textualidades que recuerdan en la reconfiguración la literatura policial inglesa y la fortaleza femenina de Doña Bárbara de Rómulo Gallegos.

La cultura, las prácticas y los discursos insulares

El género policial queda desbordado en que no es solamente de la resolución de un crimen lo que trata la obra, sino de la indagación de un pasado social y político lastimero. Se trata también de encontrar las raíces de una cultura insular que pendula constantemente entre el Caribe y mundo metropolitano.

La construcción del relato alterna distintas focalizaciones. Inicia con un narrador en segunda persona que da nacimiento a un narratario. Los hechos son relatados por una voz que no se dirige al lector ficticio de la escritura. Este procedimiento homodiegético alterna con la construcción de una focalización heterodiegética que sigue los eventos de los dos amigos, Albert y Ozana, durante gran parte de la obra.

Se suspende en la página 101, cuando aparece una carta dedicada a Albert, quien también queda como narratario de la historia que hila su compañera Adriana.

La mujer como dominadora de hombres

La figura de Clarysse Lambert desplaza el tema del poder hacia un espacio de ocultamiento a la vez que construye los resortes del enigma. Para resolver el crimen hay que desvelar las capas de la cultura insular; las prácticas de los actores, las mentiras de los periódicos, las voces de los temerosos. Hay, en fin, que contar con el honor y el valor de los testigos.

La presencia del jardinero andaluz (Magnífico López, alias Málaga) da a la obra ese toque inglés que es característico de los hipotextos del género policial y ayuda a realizar la estrategia de la escritura en tránsito, como la ha realizado Maryse Renaud en otras de sus novelas: la centralización de los distintos espacios y el tiempo.

La participación en la trama de gente de distintas culturas en lo que sobresalen, la isla y su concomitancia con la metrópoli y la heterotopía en la que se cruzan distintas culturas en un cronotopo signado por la memoria flagela, el desencanto y la recuperación de un pasado utópico.

Leer además…

Deux et maquina: «Relato de ceniza» de Maryse Renaud, el Caribe en tránsito de Martinica a Panamá

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: