Negros, mujeres y paisajes, el arte europeo en seis estaciones

La exposición que presentó en este verano D’Orsay, “Le modèle noir de Géricault á Matisse”, permite al fruidor entrar en el mundo de la representación negra en la pintura europea. Como una entrada de la modernidad aparece de forma destacada la famosa Olympia de Édouard Manet. La exposición posibilita visualizar un discurso sobre el negro apreciado no sólo como una otredad, sino descubierto por los distintos artistas.

Publicado el: 7 septiembre, 2019

Por: MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN

1. Berthe Morisot. El Museo d’Orsay, frente al Sena, presenta dos exposiciones que hacen este verano de las artes en Europa. La extraordinaria muestra de la obra de una de las más connotadas pintoras del arte impresionista: Berthe Morisot. Cuentan los especialistas que sólo había tenido en las últimas décadas alguna atención de estudiosas del feminismo. Ahora con la tendencia de rescatar a las mujeres en los museos, D’Orsay presenta esta muestra que nos da un panorama más amplio de lo que podían presentar las monografías sobre el movimiento de la “pandilla” del impresionismo. Jóvenes talentosos excluidos muchos de ellos de los salones y que vinieron a cuestionar el arte académico francés desde cierta marginalidad.

La crítica ofrece datos biográficos de Morisot: primero, modelo de Edouard Manet y luego esposa de su hijo. Esta afiliación la deja un tanto dependiente de los hombres. Berthe Morisot tiene derechos propios para figurar en la historia de la pintura universal. Como muchos impresionistas, las obras que realizó esta artista muestran el mundo moderno, la familia, los espacios de recreo de una burguesía en ascenso que buscaba una nueva representación.

Los jardines, los balcones, deja ver la familia y las mujeres. Sus trazos son seguros, impecables y su dibujo de una sublime ejecución. El colorido es armonioso y, vista en conjunto, su obra es de una singular belleza. En ella la belleza logra su altura cuando los niños son ángeles cotidianos. Un amplio espacio del museo nos permite un recorrido por su mundo, sus preocupaciones estéticas. Estamos frente a una gran pintora del arte universal. Sus obras conforman grandes colecciones que se encuentran en Estados Unidos, Francia y Japón.

2. La de Fra Angelico (Guido Di Pietro) en el Museo del Prado, es la segunda exposición extraordinaria. Una lección magistral del arte del quattrocento italiano. Ver esta exposición nos da un sentido a la dimensión del arte que podían hacer en los conventos en los años anteriores al renacimiento. Influenciado por Brunelleschi, Fra Angelico llena de una magia de colores y formas las tablas y le da un aspecto sagrado a todo lo que toca. Ese arte religioso florentino es parte de la historia del gran arte europeo porque en él está presente el cambio en la perspectiva, en la representación y la influencia del gótico.

Narra escenas que refieren al mundo bíblico desde la construcción de un espacio que remite a la Antigüedad; a las prácticas católicas, a los santos, que hacen del imaginario religioso un espacio encantado por las formas, las luces y los colores. Esto se puede apreciar en la “Anunciación y la expulsión de Adán y Eva del Jardín del Edén”. Visto en el Museo hoy, estas obras han perdido su “aura”, como diría Walter Benjamin, para convertirse en objetos de una cultura que los museos cuidan, organizan y modelan.

3. Además de las mujeres en el museo, parece que nos interesa la representación de los negros. Este verano D’Orsay presentó la muestra “Le modèle noir de Géricault á Matisse”, permite al fruidor entrar en el mundo de la representación negra en la pintura europea. Como una entrada de la modernidad aparece de forma destacada la famosa Olympia de Édouard Manet.

La exposición posibilita visualizar un discurso sobre el negro apreciado no sólo como una otredad, sino descubierto por los distintos artistas. Es una exposición para ver con mucha calma porque permite un análisis de hasta dónde el negro como una otredad fue representado e incluido en el arte. Noto que, a partir de la primera o segunda década del siglo XIX, se acentúa la presencia del negro en la plástica, de acuerdo con esta representación. Y me pregunto hasta dónde la lucha de los negros, como la que se dio en el Caribe a partir de 1795 pudo haber impulsado un cambio en la representación y un interés en el tema del negro.

Ignacio Zuloaga. Retrato de Maurice Barréss, 1913.

4. Zuluaga en el Museo de Arte Moderno de Bilbao. Una gran retrospectiva de Zuluaga nos da un panorama de su obra. En Bilbao capital del arte moderno español, Zuloaga es una propuesta distinta. En él están las tradiciones de la pintura española, por ejemplo, el greco. Su manera de representar esa España del siglo XIX, con su “mirada conventual (dijo recordando unos versos de Luis García Montero), las soledades de su paisaje muestran las preocupaciones de los autores del Noventiocho que les son afines: a Antonio Machado y a Azorín.

Es la suya una mirada de esa Castilla de encinares y olmedos; del sentido tosco y árido del suelo castellano solamente bendecido por las aguas del Duero. De esa tierra de conquistadores ásperos, de pueblitos perdidos a lontananza en los que sobresale la cúpula de una iglesia, los techos y las paredes para conservar el calor de adentro contra el frío de afuera. Zuloaga es el paisaje de Machado transfigurado en un colorido lúgubre a veces, pocas veces alegre; sólo en el mundo de la tauromaquia, en las miradas andaluzas de los tablados, en la gente de a pie como en Goya; Zuluaga es cronista de una generación que tuvo como preocupación primera a España, al final de su historia conquistadora e imperial.

5. Sorolla. Joaquín Sorolla no es Zuloaga. Es más festivo, familiar, acuático, vanguardista y, hasta un poco frívolo. Tambi{en es un artista burgués que presenta los estilos de vida de una burguesía que buscaba esparcimiento en las costas. Sorolla es un artista formidable por la forma en que encarna el arte. La prolijidad de su arte le dan un ‘chapeau bas’. Su casa en Madrid recorre el largo itinerario de un pintor moderno español. Con pocas preocupaciones sobre la vida de la gente de la calle como Goya o Zuloaga, con poco interés en presentar a España solamente a ‘su España’ llena de luces y colores, arena, formas, veleros, transparencias.

Está ahí como un gran maestro de la luz y el color. Comparado con Zuloaga, podríamos decir que Sorolla es el arte moderno y el vasco el artista de la tierra y las tradiciones.

6. Lucio Fontana. Bilbao con el Museo Guggenheim se ha convertido en un espacio del arte contemporáneo, muy especialmente del arte estadounidense. En esta visita hemos disfrutado, además de su extraordinario edificio, la estética de lo sublime en las obras del ítalo-argentino Lucio Fontana. Esculturas, objetos y espacio, donde la extrañeza, el color, las líneas, como rasgaduras, exponen un arte contemporáneo que es de nuestro tiempo, pero apela a la verdad del arte; al arte que dice su propio ser.

La belleza se encuentra en sus obras y nos damos cuenta de que estamos frente a un artista de grandes dimensiones. La concepción estética de Fontana de la filosofía del arte como sensibilidad queda plasmada. Es esta muestra una expresión y un testimonio de la importancia de nuestros sentimientos a la hora de expresar lo irreductiblemente humano de la creación artística. Excelente la exposición de Giorgio Morandi, influido por Giotto, Uccello, Masaccio, y la de la artista estadounidense Jenny Holzer: “Lo indescriptible”.

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