Los intelectuales y la escritura ancilar, Balaguer y Bazil en la Era de Trujillo

El autor del prólogo del libro, Osvaldo Bazil, embajador en París, escribió un infame telegrama a sus jefes en Santo Domingo que informaba: “Escribí prólogo mas no leí libro”.

Publicado el: 24 agosto, 2019

Por: Miguel Ángel Fornerín

Joaquín Balaguer hijo, como firmaba en sus primeros escritos, no sólo es un modelo de gobernante que une las letras a las posturas políticas y que se sirve de la literatura para empinarse en el mundo del ágora. Es también uno de los más conspicuos representantes de lo que llamaremos la literatura ancilar. Es decir, la literatura sierva del poder.
Esta se da cuando el intelectual escribe para adelantar la causa política de los que se encuentran dirigiendo los destinos de un pueblo. Como el Príncipe puede mentir, esta es una escritura que sirve a la mentira y al simulacro que, desde la política, se realiza para mantener la estrategia de poder o de dominio o razón de Estado. Que, en el caso de una tiranía, implica el sometimiento de los rebeldes y los desafectos. Y de forma general, la instrumentalización de la vida a favor de la política de Estado.

La entrada en la polis de Balaguer es un acontecimiento interesante. Muy joven retomó las ideas de las corrientes políticas de su momento. Se nota en sus primeros escritos (Julio Jaime Julia, 2000) que asistió a la universidad en el momento en que la dirigían los intelectuales hostosianos, de ellos hereda una visión moralista que el hostosianismo llevó a la ponderación de la política de los primeros años de siglo. Ese moralismo social hostosiano, Balaguer lo captó como una forma de criticar el estado de situación de la República. Balaguer tomó como norte la empresa trinitaria.

Sin embargo, las justificaciones de un partido de la utopía liberal lo llevaban a aceptar las acciones conservadoras que actuaron en el escenario original de la primera República. De ahí su postura teórica contra Santana (“El centinela de la frontera”, 1962) su hagiología de Juan Pablo Duarte (“El cristo de la libertad”, 1948) y, en la práctica, la inhumación de los restos de Pedro Santana en el Panteón nacional.

Las ideas políticas de Joaquín Balaguer hijo van entonces del hostosianismo al arielismo; el joven tiene en sus primeros escritos una genealogía política del momento. Pero a la vez, se notan sus deseos reformadores de la cosa pública y lo que será central, su acendrado conservadurismo. Este no es solamente ideológico, sino que aparece como parte de su formación social. Joaquín Balaguer Lespier, su padre, puertorriqueño aplatanado en el Cibao, era un próspero comerciante de tabaco, que llegó a poseer 40 casas de alquiler en Santiago (Paulino, “Balaguer el hombre del destino”, 1986) una mediana fortuna que perdió cuando los conflictos de la Primera Guerra Mundial desconectaron al Caribe de Europa y el negocio del tabaco dominicano sufrió cuantiosas pérdidas.

La crisis de entreguerras les dio base a las ideas de Joaquín Balaguer hijo quien entra a la ciudad letrada con un ensayo sobre la obra de Federico García Godoy (1924) y ya había publicado su primer libro de poemas “Psalmo pagano” (1922). Se inició como profesor en la Escuela Normal de Santiago (1930), donde lo sustituyó su hermana Emma.

La entrada a la polis se da en los momentos en que se lucha contra la ocupación estadounidense a la que él se opuso como lo hicieron los hostosianos rodosistas o arielistas (Céspedes, 1995). También se opuso al acuerdo de desocupación que propuso Peynado. Pero se adhirió al partido Republicano de Estrella Ureña, que tenía un corte fascista; con lo que la pequeña burguesía venida a ruina por la guerra respondió con un fiero nacional socialismo. Sus inicios en el periodismo nos dan la coordenada de este Balaguer, seguidor de Estrella Ureña y la importancia de la ciudad letrada santiaguera en la formación del proyecto de Trujillo.

De profesor de Gramática, Lógica, Sintaxis y Moral Social en la Escuela Normal de Santiago, Balaguer pasa a ser abogado del Estado en el Tribunal de Tierras. Paulino ve la ligazón entre Trujillo y Balaguer por este casarse con su familiar Bienvenida Ricardo. Pero es la actitud de tránsfuga de Balaguer lo que lo acerca a Trujillo (Balaguer narra otra historia en “Memorias”, 1988). A poco tiempo de escribir el Manifiesto del Movimiento Cívico del 23 de febrero de 1930, de los republicanos seguidores de Estrella Ureña, divide, como Dios hizo el mar Rojo a los que siguen a Estrella Ureña y los que se alinean con Trujillo. Balaguer pasa pronto al servicio diplomático. Cuando estaba en la embajada dominicana en Madrid, España, bajo la jefatura de Elías Brache, lo mueven a la legación parisina. Y luego lo devuelven a Madrid. Estos cambios le hacen suspender sus estudios. Joaquín Balaguer hijo escribe al presidente Trujillo y le pide dinero para publicar “Trujillo y su obra”, en la que pondera los logros de gobierno.

Con esta obra, el autor de “Tebaida lírica” (1924), un libro de poemas románticos en donde se notan las lecturas de José María Vargas Vila lo convierte en un autor ancilar, un amanuense del dictador. Pero, además en un intelectual orgánico del régimen. La adscripción no estuvo libre de tropiezos. En la lejanía europea, Balaguer se creyó un pensador libre sin darse cuenta de que su pluma le pertenecía a la tiranía. Al hablar de la oratoria en “Trujillo y su obra” reconoce las dotes de orador de Estrella Ureña y ese fue su gran error (Mateo, 1996, 173). Los enemigos de Balaguer y otros de sus compañeros publicistas como Arturo Logroño, ministro de Relaciones Exteriores, llevaron la noticia a Trujillo. Con lo que Balaguer tuvo que recoger su libro.

Este incidente narrado por Paulino (“Balaguer el hombre frente al destino”, 1986) y por el propio Balaguer en “Memorias de un cortesano de la Era de Trujillo”, 1988, nos permite apreciar cómo Trujillo armó a sus escribas, a sus propagandistas, y como éstos, con aura de literatos e intelectuales, accionaron en la vida pública, reorganizaron el mundo simbólico de las letras dominicanas; establecieron un canon literario y reinterpretan el pasado de acuerdo con sus intereses personales y políticos.

El autor del prólogo del libro, Osvaldo Bazil, embajador en París, escribió un infame telegrama a sus jefes en Santo Domingo que informaba: “Escribí prólogo mas no leí libro”. Bazil había precedido a Balaguer en las lides de los intelectuales y el servicio diplomático como espacio de operaciones de los escritores ancilares. Balaguer en “Memorias” da un perfil de Bazil como representante diplomático del país. Y Rufino Martínez en “Letras dominicanas”, nos da información necesaria para ver el grado de abyección de un intelectual que es capaz de escribir un prólogo sin leer un libro.

Desde inicio de siglo, Bazil estuvo realizando trabajos como su antología de poetas modernistas por invitación donde el rigor brillaba por su ausencia. Fue el intelectual que sirvió de enlace entre Trujillo y el doctor Américo Lugo, que vivía un insilio impuesto en la Ciudad y el dictador quiso convertirlo en un amanuense que escribiera la historia dominicana hasta la Era. La carta de Lugo a Trujillo (Cuadernos de Poética, no. 30) es una demostración del intelectual que se niega a entrar en la literatura ancilar. Pero como intelectual rebelde, sufre las consecuencias de su negativa. Cuando Osvaldo Bazil busca adscribir a Lugo a la dictadura, el discípulo de Hostos estaba a punto de perder su casa, como en efecto la pierde.

Osvaldo Bazil puede funcionar como el modelo de intelectual coactador.

La crisis de entreguerras les dio base a las ideas de Joaquín Balaguer hijo quien entra a la ciudad letrada con un ensayo sobre la obra de Federico García Godoy (1924) y ya había publicado su primer libro de poemas “Psalmo pagano” (1922).

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